Más allá del valle de las ultravixens
La historia nos traslada a los soleados y exuberantes paisajes del peculiar pueblo de Small Town, siguiendo los frustrados y singulares pasos del pobre Lamar Shedd. Observo con divertida expectación cómo la narrativa quiebra su voluptuosa y rutinaria vida conyugal en el instante en que sale a la luz su insólita incapacidad para hacer el amor mirando a la cara de su pareja. Me resulta fascinante el modo en que el relato empuja a la increíble Lavonia a intentar curar este gran problema por todos los medios, transformando su desesperada búsqueda de soluciones en una absurda y descarada odisea carnal al verse él arrastrado a una serie de extravagantes encuentros sexuales con diferentes y excéntricas mujeres del lugar. Siento que la trama construye una delirante y desenfadada comedia erótica, una propuesta extravagante ideal para inyectar puro exceso visual y humor satírico en tu colección personal, donde la reprimida y ridícula inseguridad masculina choca de frente con la desinhibida, salvaje y exuberante sexualidad del inconfundible universo de Russ Meyer. Esta crónica sobre los tabúes y la liberación de los instintos nos arrastra hacia un clímax hilarante y grotesco, demostrando que para superar verdaderamente los absurdos bloqueos de la intimidad, la mayor victoria no es simplemente dar la espalda esperando que la fantasía reemplace a la realidad, sino tener el inmenso coraje de despojarse de los prejuicios, entregarse al deseo sin complejos y atreverte a mirar de frente a la persona amada antes de que las propias inhibiciones terminen por dejarte fuera del juego del placer.













